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las fases o EVOLUCIÓN
TEMPORAL PROTOTÍPICA |
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EVOLUCIÓN
TEMPORAL PROTOTÍPICA
El decurso del psicoterror cambia su carácter diacrónicamente, en la
medida en que el contexto social cambia.
Tanto la
investigación escandinava, como la austriaca o finlandesa, hasta el
momento han encontrado patrones muy estereotipados (Leymann, e. g.
1990b).
1. Incidentes
Críticos. El acoso comienza frecuentemente con un conflicto,
para pasar en las siguientes fases a un conflicto escalonado.
No se sabe mucho
acerca del por qué un conflicto degenera en Mobbing.
Esta primera
fase, que puede ser muy corta, no es propiamente “Mobbing”.
La siguiente fase
revela acciones estigmatizadoras por parte de colegas o
supervisores.
2. Acoso y
Estigmatización. Las actividades de Mobbing pueden contener un
amplio número de conductas que en la interacción social normal, no
son indicativas de agresión o rechazo.
Sin embargo, al
estar sujeto a este tipo de conductas, casi con una cadencia diaria
y por un largo periodo de tiempo, éstas pueden cambiar su
contextualización y ser
usadas para estigmatizar a la víctima.
De hecho, todas
las conductas observadas, con independencia de su significado normal
en la comunicación cotidiana, tienen como común denominador el de
“ir a por alguien” o castigarle.
Por lo tanto, la
manipulación agresiva es la característica
básica de tales hechos.
3.
Intervención de las autoridades de personal. Cuando esto ocurre,
el problema adquiere carácter oficial.
Debido a la
estigmatización previa, es muy fácil malinterpretar la situación
como culpa de la persona sojuzgada.
Los directivos
tienden a asumir las opiniones creadas
durante las fases anteriores.
Con frecuencia
ello lleva a provocar el deseo de actuaciones encaminadas a
“liberarse del mismísimo diablo”, la víctima.
Lo que arrastra,
la mayoría de las veces, serias violaciones de derechos de la
víctima, en cuanto la administración de personal está sujeta a la
legislación laboral.
Como resultado
final de esta fase la víctima queda marcada/estigmatizada (Jones,
1984).
Debido al Error
Básico de Atribución, los colegas y los directivos tienden a buscar
explicaciones en las características personales de la víctima, más
que en las condiciones ambientales (Jones, 1984).
Esto es
particularmente probable cuando las autoridades son responsables de
las condiciones psicológicas de trabajo, y no aceptan la
responsabilidad de la causa situacional.
4. Exclusión. En la medida en que las condiciones de trabajo
causantes del problema no son resueltas, es bien
conocido que lo normal es que la víctima abandone el trabajo mucho
antes de su jubilación natural.
Esta dinámica es
probablemente la responsable del
desarrollo de serias enfermedades (Groeblinghoff & Becker, 1996;
Leymann, 1995c, Leymann & Gustavsson, 1996) y de que la víctima
busque ayuda médica o
psicológica.
Para más INRI,
como ya ha sido argumentado, muy frecuentemente la víctima es
incorrectamente diagnosticada por los profesionales, ya sea por lo
"flipante" de su historia, o por no molestarse en
analizar la dinámica social desencadenante.
Los diagnósticos
más incorrectos son los de personalidad
paranoica, maniaco-depresiva o con alteraciones del carácter.
El decurso del psicoterror cambia su carácter diacrónicamente, en la
medida en que el contexto social cambia.
Tanto la
investigación escandinava, como la austriaca o finlandesa, hasta el
momento han encontrado patrones muy estereotipados (Leymann, e. g.
1990b).
1. Incidentes
Críticos. El acoso comienza frecuentemente con un conflicto,
para pasar en las siguientes fases a un conflicto escalonado.
No se sabe mucho
acerca del por qué un conflicto degenera en Mobbing.
Esta primera
fase, que puede ser muy corta, no es propiamente “Mobbing”.
La siguiente fase
revela acciones estigmatizadoras por parte de colegas o
supervisores.
2. Acoso y
Estigmatización. Las actividades de Mobbing pueden contener un
amplio número de conductas que en la interacción social normal, no
son indicativas de agresión o rechazo.
Sin embargo, al
estar sujeto a este tipo de conductas, casi con una cadencia diaria
y por un largo periodo de tiempo, éstas pueden cambiar su
contextualización y ser
usadas para estigmatizar a la víctima.
De hecho, todas
las conductas observadas, con independencia de su significado normal
en la comunicación cotidiana, tienen como común denominador el de
“ir a por alguien” o castigarle.
Por lo tanto, la
manipulación agresiva es la característica
básica de tales hechos.
3.
Intervención de las autoridades de personal. Cuando esto ocurre,
el problema adquiere carácter oficial.
Debido a la
estigmatización previa, es muy fácil malinterpretar la situación
como culpa de la persona sojuzgada.
Los directivos
tienden a asumir las opiniones creadas
durante las fases anteriores.
Con frecuencia
ello lleva a provocar el deseo de actuaciones encaminadas a
“liberarse del mismísimo diablo”, la víctima.
Lo que arrastra,
la mayoría de las veces, serias violaciones de derechos de la
víctima, en cuanto la administración de personal está sujeta a la
legislación laboral.
Como resultado
final de esta fase la víctima queda marcada/estigmatizada (Jones,
1984).
Debido al Error
Básico de Atribución, los colegas y los directivos tienden a buscar
explicaciones en las características personales de la víctima, más
que en las condiciones ambientales (Jones, 1984).
Esto es
particularmente probable cuando las autoridades son responsables de
las condiciones psicológicas de trabajo, y no aceptan la
responsabilidad de la causa situacional.
4. Exclusión. En la medida en que las condiciones de trabajo
causantes del problema no son resueltas, es bien
conocido que lo normal es que la víctima abandone el trabajo mucho
antes de su jubilación natural.
Esta dinámica es
probablemente la responsable del
desarrollo de serias enfermedades (Groeblinghoff & Becker, 1996;
Leymann, 1995c, Leymann & Gustavsson, 1996) y de que la víctima
busque ayuda médica o
psicológica.
Para más INRI,
como ya ha sido argumentado, muy frecuentemente la víctima es
incorrectamente diagnosticada por los profesionales, ya sea por lo
"flipante" de su historia, o por no molestarse en
analizar la dinámica social desencadenante.
Los diagnósticos
más incorrectos son los de personalidad
paranoica, maniaco-depresiva o con alteraciones del carácter.
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