(13 millones de
personas). En España el porcentaje se sitúa en torno
al 5%, lo que cuesta a la sociedad más de 90 millones de euros (15.000
millones de pesetas) por bajas o invalidez profesional.
Un estudio reciente llevado a cabo por la Universidad
de Alcalá (Barómetro Cisneros II), revela que el 12% de la población
asalariada puede estar sufriendo acoso psicológico en el trabajo.
En las organizaciones de trabajo es fácil encontrar
roces o discusiones puntuales entre compañeros y/o superiores e
inferiores, pero algo distinto es cuando una persona o un grupo de
personas ejercen una violencia psicológica extrema, de forma sistemática (al menos,
una vez por semana) durante un tiempo prolongado (más de seis meses),
sobre otra persona en el lugar de trabajo. En estos casos podemos hablar
de mobbing.
Este término es el que se suele emplear en la
literatura psicológica internacional
(del inglés to
mob: acosar). En castellano, los términos utilizados para
denominarlo son: “acoso moral en
el trabajo”, “acoso
psicológico en el trabajo”,
“psicoterror laboral” u
“hostigamiento psicológico en el trabajo”. En adelante,
emplearemos el término acoso psicológico en el trabajo.
Los especialistas coinciden en que la violencia
psicológica en el trabajo está alcanzando niveles de epidemia. Chismes
malintencionados, vacío, humillaciones... Todo forma parte de este tipo de
maltrato. Aunque también afecta al sexo masculino, las víctimas
favoritas suelen ser las mujeres.
En algunos países de las Unión Europea ya constituye
un delito y se ha desarrollado legislación al respecto.
La entrada en vigor de la Ley de Prevención de Riesgos
Laborales obliga a todas las empresas a identificar y evaluar los
riesgos de origen psicosocial.
El abordaje del problema del acoso psicológico en el
trabajo debe, en estos momentos, iniciarse desde la identificación y
evaluación de los riesgos de origen psicosocial, para disponer
posteriormente las medidas preventivas oportunas.
La detención y control del acoso psicológico en el
trabajo traerá beneficios para toda la organización, puesto que las
consecuencias negativas no sólo
las padecen las personas afectadas, sino también las
empresas; en tanto que es un problema que afecta a la rentabilidad y a
la eficacia económica, por el absentismo que implica, por la reducción
de la productividad de las personas afectadas y/o por el pago de
indemnizaciones a los trabajadores despedidos, entre otras.