Formas
de expresión.
Lo más difícil del acoso psicológico en el trabajo es detectar cuándo
comienza y por qué. En general, la víctima empieza a percibir
agresiones
solapadas o abiertas, pero no se da cuenta de la situación total que
vive y muchas veces se siente culpable. Esto dificulta la capacidad de
reaccionar
de la persona, por lo que la percepción del problema coincide ya con
un grave deterioro de su salud.
En las empresas podemos encontrar ciertas señales de alarma que
indican la presencia del fenómeno, como por ejemplo: cambios
significativos sin preparación de los empleados; individuos que son
considerados como una diana o como causa de todos los problemas de la
organización; alianzas jerárquicas: los subordinados se alían para
organizar un acoso dirigido a alguna persona concreta; anarquía: puede
ser instigadora o como una táctica de acoso psicológico;…
Todo puede comenzar con algún pequeño acto aparentemente banal (un
comentario malintencionado, un encogimiento de hombros o una mirada
hostil), que se convierte en el primer eslabón de una perversa cadena
de humillaciones, maltratos y vejaciones, cuyo fin es desestabilizar
psicológicamente a la víctima y lograr, finalmente, que renuncie a su
puesto de trabajo.
A esta situación se la conoce hoy en todo el mundo como acoso
psicológico en el trabajo o mobbing y en algunos países, como Suecia o
Francia, ya constituye un delito penado por las leyes laborales.