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Aún se desconocen las circunstancias que
empujaron ayer, de forma absolutamente injustificable, a un
trabajador a emprenderla a navajazos con sus compañeros. Vaya
también por delante que no hay sospecha alguna sobre la empresa en
cuestión, ni sobre los otros trabajadores. Tal vez todo fue
provocado por una enajenación mental. Pero el suceso nos hace
reflexionar sobre un fenómeno que es ya una epidemia: cómo la
extensión creciente en el ámbito laboral de la violencia, el
hostigamiento, el maltrato, la falta de respeto y la vulneración de
la dignidad del trabajador, unidas al frecuente y defensivo síndrome
de «no va conmigo» en que incurren las organizaciones, puede
perfectamente explicar -aunque, insisto, nunca justificar- el que
una persona termine perdiendo los nervios y la cabeza.
La violencia psicológica lo invade todo: acoso psicológico entre los
escolares, maltrato doméstico, hostigamiento vecinal, acoso político
y, cómo no, acoso psicológico en el trabajo o «mobbing».
En los últimos años he podido escuchar en la
investigación y asistencia psicológica de los trabajadores acosados
numerosos relatos de personas «normales», aunque dañadas por el
«mobbing», horrorizadas ante sus ideas recurrentes de agredir,
machacar o asesinar a sus acosadores laborales.
Estas formas de terminar con una situación de acoso psicologico
mediante la agresión son extremadamente raras. Afectan tan solo al 1
por ciento de los casos.
Lo más frecuente es que, con el tiempo, las
víctimas de «mobbing» entren en una creciente paralización que las
lleva a la indefensión, fuente posterior de la mayor parte de los
cuadros psicológicos que suelen producirse a consecuencia del daño
recibido. Es muy difícil explicar aquí la tremenda vivencia de
terror, angustia y desesperanza de estas personas.
Trabajadores normales, perfectamente válidos para realizar su labor,
aunque víctimas de los celos o de las rivalidades, mujeres que
reclaman la igualdad en el trato, en las oportunidades, o
simplemente se resisten a la arbitrariedad o la falta de respeto a
su dignidad, jóvenes en situaciones laborales precarias que les
exponen a la vulnerabilidad del abuso sobre ellos, personas
intelectualmente brillantes que despiertan por sus capacidades o
éxitos profesionales las envidias de sus compañeros o jefes... Tal
es el perfil habitual de las víctimas del acoso psicológico en el
trabajo.
El de los acosadores laborales es también un perfil muy específico:
jefes mediocres a la defensiva, directivos narcisistas con complejos
de inferioridad, psicópatas organizacionales que no se detienen ante
nada ni nadie ante sus propósitos en la escalada hacia posiciones de
mayor poder en la organización.
Todo un panorama desalentador.
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