Uno de los principales problemas de gestión de
recursos humanos de las universidades en la actualidad es la
habitual ausencia de responsabilidad y la correspondiente impunidad
de las actuaciones de muchos de sus responsables. Si realizamos un
análisis de las características que presenta la política de recursos
humanos en las universidades, encontramos un manual de cómo no
deberían ser gestionadas.
En la estructura organizativa de la Universidad
encontramos una serie de organismos que meramente yuxtaponen a los
trabajadores en unidades o departamentos, con una verdadera ausencia
fáctica de responsable. Quien desempeña cada función de mando suele
ser un gestor que funciona a base de votos y nombramientos y que no
suele tener que dar cuentas más que de una manera formal. Ese
sistema genera, con el tiempo , un régimen clientelar o cautivo en
el que la mayoría termina participando.
Al margen de toda profesionalidad en la dirección
de personas, y al amparo de un sistema cerrado como es el
universitario, se desarrollan normas implícitas y estructuras de
poder informales y paralelas que terminan constituyéndose en clanes,
regímenes o mandarinatos que se perpetúan con independencia de quién
dirija esa Universidad. Quien participa en estos juegos de poder
suele arriesgar poco o a nada con su actuación. Y quien tiene poco
que arriesgar, termina infringiendo todos los límites, calculando
que puede comportarse de cualquier manera sin correr riesgos. De la
falta de contrapesos internos y de la extensión de una atmósfera de
impunidad so diferentes pretextos se generan los abusos de poder, la
discriminación, los atropellos a los derechos fundamentales de la
persona y a la dignidad que merece todo ser humano.
Esa atmósfera se materializa también en diversos
fenómenos a la orden del día en la Universidad actual como la poca
relevancia de las evaluaciones docentes, la falta de respeto a la
dignidad y el maltrato psicológico hacia alumnos, becarios o recién
llegados, así como violencia psicológica constatable en los
departamentos, claustros, comisiones…
De este modo, actitudes prepotentes y
comportamientos violentos, destructivos y contrarios a los valores
democráticos asumidos por la sociedad civil, se mantienen vigentes y
son vistos con cierta naturalidad, trivializándose su existencia.
La impunidad y la ausencia de responsabilidad
consagran la ley de la selva, con lo que las rivalidades y los
enfrentamientos se materializan en la depredación del más
vulnerable, del que es diferente, del que más amenaza
intelectualmente a los otros o, sencillamente, del que no dispone de
padrinos.
Años de un funcionamiento impune y de actuaciones
al margen del más mínimo reproche, no ya jurídico, sino meramente
humano, refuerzan la actuación de estos verdaderos psicópatas
organizacionales que compran o eliminan a los que estiman sus
rivales.
Para ellos, el fin justifica la utilización de
cualquier medio. Se sienten al abrigo en un tipo de sistema
clientelar que han conseguido tejer y mantener en el tiempo. Al cabo
de los años, perfeccionan un comportamiento que destruye el mejor
patrimonio de la Universidad: el debate académico, la libertad de
cátedra, la solidaridad, la igualdad de oportunidades y la ética.
Además, destruyen el capital intelectual de la
Universidad, la creatividad, la iniciativa y la comunicación.
De esta forma, las personas subyugadas por el
miedo, se transforman en trabajadores desmotivados y alienados de su
propio trabajo. De este modo, los psicópatas organizacionales
propagan a su alrededor una verdadera atmósfera de mediocridad y de
temor en la que sobreviven bien. Así es como la Universidad se ha
convertido, para sus mejores recursos humanos, en una organización
feudal en la que muchos trabajan en el miedo que otros alimentan y
desarrollan para su provecho. Nada se piensa, nada se dice, nada se
sabe… Nadie conoce a nadie, en medio del más puro e inquietante
silencio de los corderos.
Iñaki Piñuel
es profesor titular de la Universidad de Alcalá (Madrid).