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Juan José Millás. |
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"A veces la realidad
produce novelas de manera espontánea"
Nevenka Fernández, la concejal popular que denunció a su alcalde por
acoso sexual, se convierte en la protagonista del último libro del
escritor y periodista Juan José Millás. El valenciano recalca el
machismo que azota a la sociedad actual, "la cual contempla a la
mujer como un objeto al servicio del hombre".
Obviando el sensacionalismo, convenciones culturales e incluso
argucias electorales, Juan José Millás (Valencia, 1946) presenta su
última novela Hay algo más que no es como me dicen.
El caso de Nevenka
Fernández contra la realidad.
En ella recoge la
experiencia de una joven de 24 años, sin experiencia política
previa, que acepta convertirse en la concejal de Hacienda y Comercio
del Ayuntamiento de Ponferrada por el Partido Popular.
Entonces la recién licenciada Nevenka no podía imaginar que la
oportunidad de su vida, la gestión de un presupuesto de 6.000
millones de pesetas, acabaría tornándose en la peor de sus
pesadillas al convertirla en víctima de acoso sexual y laboral por
parte del alcalde Ismael Álvarez.
El despertar de aquel
horror tuvo su amanecer en una denuncia ante los juzgados y
comparecencia posterior ante los medios que daría la vuelta a toda
España de mano de telediarios y portadas de periódicos.
La última entrega de Millás (Dos mujeres en Praga, La soledad era
esto, El desorden de tu nombre, El orden alfabético) es la historia
de una víctima puesta en entredicho, la de un acosador que a pesar
de la condena sigue siendo apoyado por los suyos y la de una
sociedad más herida de machismo de lo que presupone.
-¿Por qué Nevenka Fernández?
-Pues porque todo lo que rodeó a este caso era muy arquetípico de la
sociedad actual.
Creo que llamó tanto la
atención, habiendo tantos casos de acoso, porque todos los
personajes eran representativos de una historia de la que no se
habla habitualmente.
No había más que ver la
foto del alcalde para darnos cuenta de la clase de ancestro español
que representaba.
Ésta es una historia con
una capacidad enorme de representación. Contar la vida de Nevenka
era contar la historia de muchas otras nevenkas.
-¿Cuál es el objetivo de su obra?
-Entendí que debía tener dos líneas estructurales muy claras: una,
cómo alguien se convierte en víctima, qué le pasa a una persona muy
segura de sí misma como Nevenka para caer en esa red. La otra es
como ese perjudicado tiene los recursos morales, intelectuales y
emocionales para escapar de la victimización.
-¿Qué hay de ficción en su obra?
-Nada, no es una novela. Es sólo un reportaje. La realidad es una
novela cuando se cuenta bien. Cuando los materiales narrativos están
bien seleccionados y articulados, se convierten en una historia.
Aquí no hay ni un solo dato que no proceda de la realidad. El único
mérito mío, si realmente lo tengo, es saber seleccionar los datos
que debía poner al servicio del significado y haberlos articulado
adecuadamente para hacer una lectura impresiónante.
-Si se hubiera inventado la novela, ¿cree que habría sido tan
perfecta?
-Es imposible inventarse una historia como ésta. En algún momento
del libro digo algo así como que a veces la realidad produce novelas
de manera espontánea.
-Por lo tanto destruye las fronteras entre periodismo y
literatura.
-Es muy difícil establecer un límite porque el modo de trabajar del
novelista es muy parecido al del periodista. La forma en que he
seleccionado los datos de la realidad es muy parecida a cuando los
escojo de la imaginación para construir una novela. La única
diferencia es que en mis reportajes cuento cosas reales; sin embargo
aquí también lo hago.
-¿En qué registro se siente más cómodo?
-Son amores distintos. Cuando una novela me lleva mucho trabajo me
apetece dedicarme al periodismo. Este libro surgió cuando acababa de
publicar Dos mujeres en Praga. Necesitaba dedicar tiempo a la
realidad, volver al periodismo. Ha sido fantástico mancharme las
manos con la realidad y sus peligros. Los personajes de ficción, por
mucho que digan los escritores, se revelan poco, pero la realidad se
mueve continuamente.
-¿La claridad de su narración es el producto de un elaborado
esquema?
-Lo que el lector lee es el 5 por ciento y no tiene por qué ver más.
Al lector le tiene que llegar el experimento absolutamente
construido. Por eso yo hablo de la sencillez compleja: creo que una
buena pieza literaria tiene que ser simultáneamente compleja y
sencilla. En este caso, cuando me planteé las estrategias narrativas
decidí ser más intenso que extenso.
-¿Cómo fue el trabajo de campo?
-Decidí ir a Ponferrada no tanto para investigar datos que no
conocía como para empaparme de la atmósfera moral del lugar. Fue muy
curioso porque Ponferrada tiene un aislamiento físico a través de
las montañas que se traduce sociológicamente en sus vecinos. Todos
están atrapados en la tela de araña que es su cultura. La propia
Nevenka al principio era uno de ellos. Ella misma decía: "cómo he
podido formar parte de esa lógica".
-¿Cree que le habrá leído Ismael Álvarez?
-No tengo ni idea pero la verdad es que no me interesa demasiado.
-¿Por qué no se entrevistó con él?
-Porque no entraba en mi estrategia narrativa. Cuando me propuse
contar esta historia me pregunté cuál era el punto de vista desde el
que quería hacerlo. Por una parte me inquietaban los hechos
externos, y por otra, qué pasaba por la cabeza de Nevenka. La mente
del acosador no me preocupaba en absoluto.
-¿Le ha conllevado problemas esta novela?
-No, nada importante.
-¿Su lanzamiento es un arma electoral contra el PP?
-Se puede interpretar así si uno quiere buscar coartadas para no ver
lo importante de esta obra. Una programación editorial no se hace en
función del calendario político. Al contrario, yo he dicho alguna
vez de broma que cambien las elecciones.
-Usted define a la sociedad en su libro de machista...
-De machista, misógina, brutal... La apariencia es que no, ningún
político se atrevería a decir que está de acuerdo con que la mujer
siga siendo un objeto, pero la realidad se revela así cuando tiene
la oportunidad de demostrarlo. Cuando los hechos del alcalde de
Toques, en Galicia, o del párroco de Peñarroya, la postura del
presidente popular de la comunidad gallega o la del obispo fue
solidarizarse con el acosador, porque es lo que le pide su cultura.
Es pura ideología el considerar que la mujer debe ser un objeto a
manos del hombre y que la que denuncia es una anomalía y queda en
tela de juicio. El año pasado cien mujeres fueron víctimas de esa
ideología.
-Está previsto que Nevenka vuelva a España con motivo de la
presentación de su libro.
-Al final ha preferido no estar y es coherente con su actitud de no
tener ningún afán de notoriedad. No ha concedido ninguna entrevista
ni entonces ni ahora. Casi me alegro de que no venga porque es el
punto final a una línea de coherencia que no ha roto. |