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Mediavilla, Gerardo |
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En primer lugar, agradecer a la asociación AVAL y a Blanca en
particular, la amable invitación para participar en este congreso, y
a todos vosotros y vosotras por tener la gentileza de escucharme.
Exponer un tema tan amplio como la relación entre los medios de
comunicación y el mobbing en 30 minutos no es tarea fácil.
Entenderéis que corro el peligro de querer
decir muchas cosas en muy poco tiempo y terminar no diciendo nada.
Acepto el reto como periodista, como
ex-afectado de acoso con sentencia favorable y autor de un libro
sobre este tema, además de activista, (si la palabra no suena
demasiado fuerte en estos tiempos), en pro de la defensa de las
personas afectadas por este drama, por esta epidemia que está
alterando profundamente el mundo laboral y social.
En la pretensión de analizar el mobbing o acoso laboral y su
tratamiento y la atención por parte de los medios de comunicación
sería imprescindible realizar previamente un análisis del
tratamiento de la información sobre las cuestiones del mundo laboral
y sindical, lo cual está íntimamente unido al acoso laboral ya que
el mobbing es catalogado como un conflicto psicosocial inserto, a su
vez, en la actualidad económica que se caracteriza por lo que muchos
expertos denominan "desmantelamiento del Estado social".
En este sentido, asistimos en nuestro país, al igual que ocurre en
el resto de países europeos, a una falta de consideración del
periodismo social, siempre devaluado por monótono e incompatible con
los anunciantes.
Para que exista una apertura mediática de importancia sobre temas
laborales es necesario que arda en llamas parte de una planta
petroquímica, que trabajadores agredan a sindicalistas o que una
huelga produzca disturbios de gravedad.
Para el resto de las noticias se pasa de
largo o se tratan desde una censura espontánea del propio
informador.
Todos habréis podido observar, en muchas
ocasiones, como en diferentes noticias se proyecta una demonización
de los trabajadores que se manifiestan o hacen huelga, catalogando
su protesta de incívica o considerando su paro como insolidario o
salvaje, frente a unas empresas u organismos públicos presentados
como sensatos y ordenados, cuando la mayoría de las veces el
auténtico salvajismo parte de ellas con sus desmedidas decisiones
laborales.
Junto a esta devaluación de la información socio-laboral, los medios
de comunicación no son ajenos al nuevo orden implantado por el
neoliberalismo económico, esta doctrina dominante que se ha
convertido en la religión de los gobiernos occidentales, y por lo
tanto, los medios están expuestos como empresas que son, a todas las
circunstancias y consecuencias que ello comporta, tales como la
reducción a mínimos del sector público, la desregulación de las
relaciones laborales, la privatización de los capitales, etc.
haciendo de la propiedad privada un derecho que casi nadie se atreve
a cuestionar, sacralizándola, a expensas de diferentes formas de
propiedad pública y de la propiedad social.
En definitiva, asistimos a una reducción dramática de derechos y
libertades en el ámbito laboral englobadas a ese patrimonio de todos
que Ricardo Petrella llama "bien común" y en el que apunta como
consecuencia más importante la desaparición del estado del
bienestar.
Como tercer matiz exógeno que influye y determina la información
sobre el mundo del trabajo, hay que mencionar la revolución digital
que trasciende el tradicional periodismo escrito, es decir, lo que
conocemos como prensa, radio y televisión, para incluir Internet y
otras tecnologías en torno al cine, el CD, el DVD...
Los propios medios no son ajenos a esta coyuntura socio-política de
principios de siglo, que en un magnífico artículo de Ignacio
Ramonet, titulado "El quinto poder", en el periódico Le Monde
Diplomatique, que leía el otro día, definía como "etapa de
mundialización con brutal enfrentamiento entre el mercado y el
Estado, el sector privado y los servicios públicos, el individuo y
la sociedad, lo íntimo y lo colectivo, el egoísmo y la solidaridad",
un comentario de Ramonet que estoy seguro que serviría para explicar
lúcidamente el desarrollo espectacular del acoso psicológico en el
trabajo como perversión y práctica empresarial propia de tal
situación.
El mobbing es, tal vez, si lo pensamos
detenidamente, una consecuencia más de tales enfrentamientos, una
escaramuza más de tales mundos enfrentados.
En este repaso al contexto que envuelve la información sobre las
cuestiones laborales hay que mencionar las consecuencias de todo lo
enunciado en el propio desarrollo de las empresas de información,
factor determinante para cuestionar si los medios de comunicación
continúan representando un recurso contra el abuso de los poderes,
en este caso incluyendo el detentado por un conjunto de grupos
planetarios y multinacionales globales que muchos definen como los
verdaderos "amos del mundo" y que seguramente lo son.
En este sentido, se está produciendo una transformación de las
empresas de información en inmensas estructuras mediáticas con
vocación mundial y por lo tanto intervinientes como accionistas en
un gran número de periódicos, radios y televisiones españolas.
Nombremos algunas como Time Warner, RTL
Group, Disney, Telefónica, France Telecom, General Electric,
Microsoft, Viacom, etc. en fin, poderosos grupos que lejos de estar
especializados en una sola tarea informativa abordan ahora tres
sectores que antes eran independientes entre sí: el negocio de la
cultura de masas, el de la comunicación y el de la información.
A este respecto, todavía resuenan las declaraciones de Bernard
Margueritte, presidente del Foro Mundial de Comunicación, quien
durante el congreso anual de tal organismo celebrado el pasado 14 de
septiembre, señaló, cito textualmente, "la preocupante concentración
del poder mediático de algunos magnates para los que los beneficios
priman sobre la calidad de la información", declarando finalmente
que "cada vez sabemos menos los unos de los otros".
Por otro lado, los dueños de periódicos o emisoras de radio, ya no
son empresas especializadas sino que pertenecen a un conglomerado de
accionistas en los que no falta el poder político y el económico,
perdiendo su independencia y haciéndolos más que sospechosos de ser
portadores de intereses e ideologías muy alejadas del que sería el
interés común, base de cualquier pronunciamiento ético profesional
que los debería de alentar.
Comía con un amigo hace una semana, periodista y director de una
humilde revista dedicada a los menores y me comentaba con
indignación las presiones que recibía el editor para que no sacaran
el tema del cambio de la ley de menores con motivo del salvaje
asesinato de una joven que fue masacrada por otras dos jóvenes y que
ha conseguido las firmas suficientes para forzar tal cambio.
Parece ser que el Gobierno está realmente
preocupado por la dimensión del presupuesto y la enorme
transformación del sistema penitenciario que tal cambio de la ley
obligaría. Y no se corta en provocar las presiones en todos los
ámbitos mediáticos para frenar la presión de la opinión pública.
Y en mitad de todo esto, trece millones de europeos afectados por
mobbing según el informe de la Organización Internacional del
trabajo en 2001, y dos millones y medio de trabajadores y
trabajadoras españolas, el 14 por ciento de la población activa
según el Informe Cisneros dirigido por Iñaki Piñuel.
Aún en el caso de aceptáramos el polémico Informe Randstad sobre los
índices de acoso laboral, elaborado por ESADE, una escuela de
empresarios, al fin y al cabo, existen en nuestro país medio millón
de personas acosadas. Un escándalo.
¿Se puede creer que tales emporios, grupos capitalistas al fin y al
cabo, van a actuar como un contrapoder?
¿Se puede pensar que presentarán una sensibilidad especial ante un
fenómeno como el acoso laboral?
¿Hasta que punto estos medios no defienden "una casta" aún a riesgo
de perder a potenciales clientes?
Un ejemplo. Hace un año Iñaki Gabilondo en la Cadena SER, sacó en su
programa el tema del mobbing y la centralita de la emisora se
colapsó.
Anunció un nuevo programa ante la
expectación del tema, pero nunca lo ha vuelto a sacar.
No quiero dudar sobre la profesionalidad e
independencia de tal periodista, pero no somos ajenos tampoco a que
el Grupo Prisa, propietario de la cadena se haya inmerso en pleitos
de cierta resonancia mediática por acoso a trabajadores de la
empresa y que no le debe ser agradable que sus propios medios
difundan tal problemática.
Una vez repasada superficialmente la coyuntura económica y la de las
empresas de comunicación, podemos abordar, también rápidamente, la
situación actual del mobbing y la prensa en nuestro país, admito que
subjetivamente, y sin estudios rigurosos que sustenten lo que
afirmaré.
Valga no obstante, tales apreciaciones
profesionales para el debate y la reflexión:
PRENSA Y MOBBING
Desde que en 2001 Cruz Blanco, colega y amiga, legitimara al mobbing
como un problema real y de gran importancia, con la magnífica
información: "La lenta y silenciosa alternativa al despido" en el
diario El País, no podemos negar que ha existido una gran curiosidad
por parte de los medios por el acoso laboral y no ha sido difícil
encontrar semanalmente diferentes informaciones en dos direcciones y
por dos motivos: al producirse sentencias favorables con
indemnizaciones por daños morales y en el formato reportaje para
definir el fenómeno.
Puede afirmarse pues, que el mobbing es un asunto que aparece en los
medios desde hace dos años.
No quiero obviar que a toda lucha y denuncia social le es
imprescindible el apoyo de los medios de comunicación, acogiéndonos
a ese principio de que sólo existe lo que sale en ellos.
Y el mobbing necesita urgentemente el apoyo
del mundo mediático: informaciones, libros, películas, congresos
como este...
Y aunque se ha conseguido una difusión inimaginable en estos dos
años, al analizar el ya abundante material de hemeroteca y
audiovisual que dispongo como investigador periodístico, puedo
concluir que con raras excepciones, el mobbing no ha sido tratado
todavía por el "gran periodismo", es decir, por los programas de
radio de mayor difusión, ni por los programas de televisión de más
audiencia, ni siquiera por todos los periódicos de ámbito nacional.
Asistimos así, a un goteo de noticias sin ninguna continuidad en el
tiempo que presentan el acoso como algo novedoso y controvertido,
cuando no como algo anecdótico con motivo de sentencias favorables.
Es decir, el movimiento civil contra el acoso laboral tiene
pendiente lograr que los medios asuman definitivamente un auténtico
compromiso aunque aceptemos cierta satisfacción por lo conseguido
hasta el momento.
Incluso tal vez, el propio movimiento
necesite legitimarse frente a esos mismos medios.
En este análisis general, es imprescindible enumerar los siguientes
problemas con los que se encuentra el acoso psicológico en el
trabajo para poder ser atendido informativamente, es decir, ver que
obstaculiza la relación entre el mobbing y los medios y la propia
comunicación del mobbing.
- En primer lugar, mencionaría la complejidad de la definición del
mobbing como problemática social.
- Como consecuencia de lo anterior, la falta de adscripción a la
sección periodística en la que se debería incluir: economía,
sociedad, justicia, local...El asociacionismo no sabe a donde
dirigir sus comunicados.
- La clandestinidad del mobbing como tal a nivel institucional.
Al ser una problemática no aceptada
plenamente por las directivas, normativas y leyes en general.
- La devaluación que está sufriendo ante la contraofensiva de
instituciones y empresas que empiezan a presentar este drama como un
recursos ficticio de muchos trabajadores para presentar sus demandas
e ir contra las empresas.
Hay que aceptar, no obstante, que al mobbing
le hace falta definición. Sin ir más lejos, tengo aquí un recorte de
un periódico nacional que titulaba el domingo pasado en sus páginas
sepia: "acoso al acoso moral". No lo creo.
- La reticencia de muchas empresas periodísticas a hablar sobre este
tema al estar encausadas ellas mismas en casos por ser demandas por
trabajadores, y este punto lo he podido comprobar en las más de
cincuenta entrevistas que he tenido recientemente con motivo de mi
libro.
Me ha dado acceso a comentarios de
compañeros en este sentido. Y se me han cerrado lugares y programas
de manera realmente extraña cuando ya estaba prevista la entrevista.
Me han ocurrido situaciones increíbles.
- Y como último obstáculo, mencionar la propia limitación de las
personas afectadas por acoso a poder recurrir a los medios de
comunicación, para que tal denuncia pública suponga un freno a las
agresiones y favorecer posiblemente con ello su defensa.
En realidad, sólo cuando se consiguen
sentencias se puede hacer público el mobbing personal.
Como final de mi intervención he querido detenerme en este punto
porque es uno de los nudos gordianos de las víctimas de acoso
quienes no pueden salir al día siguiente de la agresión en los
medios mostrando heridas perceptibles y hematomas como podría
ocurrir en otros tipos de violencia, aunque sus heridas psicológicas
y demás consecuencias físicas sean incluso más graves.
He traído, por ilustrativo unos párrafo de la sentencia del Juzgado
nº 10, Sentencia 157-2003, Ministerio de los Social el día 12 de
Mayo 2003, tras el despido de una trabajadora por haber salido en
una televisión denunciando su caso sin nombrar en ningún momento a
su empresa, pero ser finalmente despedida por ello trasgresión de la
buena fe:
Hablando de los derechos de expresión:
"Tiene unos matices específicos cuando su ejercicio se realiza en el
ámbito de la relación laboral pues la buena fe al ser inherente al
vinculo contractual, actúa como límite de ese ejercicio y a su vez
en concordancia con el sistema Constitucional de Relaciones
Laborales…"
Haciendo mención a siete sentencias y continuando:
"Las manifestaciones se efectuaron a través de un medio de difusión,
siendo indiferente para la resolución del pleito, el nivel de mayor
o menor audiencia que el programa alcanzase, por tanto de forma
publica y siendo conocedora la demandante, que sus manifestaciones
eran susceptibles de alcanzar al público en general y en concreto y
dado que la demandante de una forma u otra siempre ha estado en
contacto junto con los vendedores y a través de estos con los
clientes al ser la encargada de la facturación a los clientes de la
empresa y trabajadores de la empresa ".
Actuación de la trabajadora de la que no puede desconocerse el
elemento de voluntariedad, vulnera el principio de buena fe que a de
regir en la relación laboral y de la que derivan perjuicios de toda
índole para la empresa, por cuanto no siendo cierto que la
demandante haya sido objeto de mobbing, sus manifestaciones
perjudican la imagen de la empresa.
"…porque en la valoración de los incumplimientos contractuales y la
posibilidad de degradar su gravedad existen también unos limites que
alcanzan la que puede denominarse esfera de gestión empresarial,
como aquel ámbito en el que el trabajador no puede vulnerar mediante
su actuación trasgrediendo la lealtad y la buena fe".
Rebuscando en documentaciones he encontrado un antiguo artículo del
Catedrático de Derecho del Trabajo de la Universidad Complutense de
Madrid, citaré que como siempre, en la página "mobbing.nu"
en uno de los párrafos subraya algo muy similar a lo dictado en la
sentencia:
Leo textualmente porque es muy clarificador mencionando el principio
de proporcionalidad en las relaciones empresa/trabajador:
"El empresario debe salvaguardar los derechos del trabajador y éste
tiene contraído un compromiso de lealtad contractual, que le impide,
por ejemplo, hacer una crítica insultante de su empresario al amparo
de la libertad de expresión, o faltaría al código de principios que
aceptó al ser contratado. Proporcionalidad y equilibrio son los
polos que marcan las reglas de juego. Ni se puede olvidar la
Constitución, ni se puede olvidar el contrato".
Es decir, de nuevo sale a relucir el compromiso de lealtad
contractual. Y no disponemos de heridas sangrantes ni vendas
llamativas que justifiquen nuestra aparición ante las cámaras sin
que al día siguiente nos despidan. Tal es la perversión de la
violencia que ejerce el acoso psicológico.
La prensa, las relaciones con los medios de comunicación, llegar a
transmitir esta tragedia, lograr que los medios actúen como
creadores de la opinión pública imprescindible para que los poderes
públicos reconozcan oficialmente la magnitud de esta epidemia, es
sin duda, el reto fundamental que tenemos planteado en estos
momentos todos los "activistas", afectados y ex-afectados.
Una vez más, y como el resto de las tragedias sociales y las demás
formas de violencia que se desarrollan en mitad de democracias,
necesitamos el apoyo y la objetividad de la prensa, pero no de
cualquier prensa, de una prensa lo más independiente posible,
comprometida con las causas sociales, seria y responsable, dispuesta
a asumir el papel de contrapoder.
No va a ser fácil, pero millones de trabajadores y trabajadoras
angustiados, perseguidos, maltratados, aniquilados cada día, no
pueden permanecer por más tiempo ocultados.
Muchas gracias.
Ponencia realizada en el Primer Congreso
sobre Acoso Moral en el Trabajo de Vitoria-Gasteiz 2003.
Titulo: Mobbing y medios de comunicación:
hacia la creación de la opinión pública
por Gerardo Mediavilla Nieto.
Fuente:
acosomoral.org
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