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Mediavilla Nieto, Gerardo |
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las vivencias de un afectado y la situación actual de este fenómeno
cada vez más extendido.
Un infierno. Así define Gerardo Mediavilla
el tiempo en que fue víctima del acoso en el lugar de trabajo,
conocido como mobbing.
Del día a la noche, Gerardo, responsable del
área de comunicación del Instituto Municipal de Deportes del
Ayuntamiento de Madrid, se encontró en un cuarto de dos metros por
tres, sin ordenador, teléfono, ventanas ni armarios; sólo con una
mesa, una cajonera y sin ningún tipo de trabajo que hacer.
Durante diez años tuvo que soportar
calumnias, amenazas y el aislamiento de sus compañeros.
Ha sido una de las primeras personas en
España que ha conseguido una sentencia favorable de mobbing contra
una empresa pública, un caso que creó jurisprudencia en el ámbito
del acoso laboral.
Pionero en la lucha contra este fenómeno, Gerardo trabaja
diariamente para difundir este problema sociolaboral.
La violencia en el lugar de trabajo es un
tipo de acoso que, según los últimos estudios, afecta a dos millones
y medio de trabajadores y trabajadoras en el país.
Las estadísticas tampoco son esperanzadoras,
ya que el mobbing sigue en estos momentos una evolución ascendente.
El asedio psicológico deja importantes
secuelas a quienes lo sufren e incluso puede llevar a los acosados a
situaciones extremas.
En Suecia, país precursor en el estudio del
mobbing, se calcula que entre el diez y el quince por ciento de los
suicidios que se producen anualmente son consecuencia del acoso
psicológico en el trabajo.
Las palabras de Gerardo no son menos duras
que estos datos. Su discurso destila crudeza e impotencia y pide el
fin del silencio de las Administraciones y la implicación de la
Justicia para resolver un problema creciente, que puede afectar a
cualquiera.
¿Cómo empezó a sufrir acoso en el trabajo?
Después de seis años de todo tipo de acciones de hostigamiento y
amenazas, un día me notificaron que me retiraban de mis
responsabilidades.
Los últimos tres años estuve apartado de mis
funciones de trabajo con agresiones directas a mi dignidad, tales
como no tener nada que hacer o no disponer de herramientas de
trabajo.
¿Qué tuvo que soportar?
De todo. Dos años cara a la pared en un pequeño almacén con sólo una
mesa y una silla.
Vigilancia extrema, tolerancia cero en
cuanto a mis derechos, espionaje, distribución de mentiras y
calumnias entre mis compañeros, amenazas, humillaciones, abusos,
eliminación de complementos económicos y productividad, colocación
de mi mesa en la entrada del edificio también de cara a la pared. Un
infierno.
¿Cuáles cree que son las causas que provocan que una persona
acose a otra?
Es inherente al ser humano. Es un comportamiento propio de la
psicología de determinadas personas con trastornos mentales agudos.
¿En qué tipo de empresas u organizaciones son más habituales
estos casos?
No hay clasificación al respecto. Puede suceder en todas.
¿Cómo describiría el acoso moral en el trabajo?
Es la sucesión de acciones dirigidas a menoscabar personalmente y
psicológicamente a un trabajador, con acciones que no siguen la
lógica del trabajo o no responden a la dinámica natural del mismo.
Es un proceso de destrucción terrible.
¿Quién puede ayudar a una persona acosada? Un psicólogo, un
psiquiatra, un abogado, un amigo, la familia, los compañeros de
trabajo...
Todos son imprescindibles.
¿Qué es lo primero que tiene que hacer una persona que cree
sufrir mobbing?
Etiquetarlo, saber como se llama lo que le está sucediendo.
Concienciarse de que él no es el culpable,
buscar ayuda jurídica y psicológica y sobre todo defenderse antes de
caer en situaciones personales irreversibles.
¿Cuál es el perfil de una persona acosada?
Eficiente, honesta, incorruptible, insobornable, amante de las cosas
bien hechas de su trabajo, reivindicativa...
¿Y el de la persona acosadora?
Inseguras, poco formadas y mediocres. Malas personas.
¿Cuáles son las consecuencias de esta situación?
Tremendas.
A nivel personal sufro estrés postraumático
con todo lo que eso conlleva de sufrimiento y de inadaptación.
A nivel profesional me robaron años
fundamentales en mi desarrollo y me estigmatizaron para siempre.
El año pasado se unieron nueve de las asociaciones contra el
mobbing que hay actualmente en España. Un paso más...
Significa, aunque torpe e incompleto, el inicio del movimiento civil
contra el mobbing, frente al silencio de la Administración.
Es una de las pocas personas que ha ganado un caso de mobbing en
los tribunales. Esto aún es más excepcional si se tiene en cuenta
que trabaja en una administración pública. ¿A qué se debió?
Las pruebas fueron de cargo.
Algunos compañeros valientes aportaron su
valioso testimonio. Otros sufren mobbing más invisible.
Lo lamentable es que aún sea noticia que se dicte sentencia a
favor del acosado.
El trabajador tiene un abogado pagado por él y, con suerte, algún
testigo valiente.
Las organizaciones y empresas disponen de
varios de los mejores abogados, todas las posibilidades para acceder
y falsificar documentos y para comprar con amenazas a los testigos.
En estas condiciones la mentira gana y la
noticia es que la verdad venza.
¿Qué salidas tienen las personas que lo sufren? Dejar el trabajo,
poner una denuncia...
La salida depende de la personalidad de cada uno y de sus derechos
laborales.
Denunciar, pedir la baja si se está mal,
llegar a un pacto para marcharse, dejarse morir... suicidarse.
¿Cree que cada vez se producen más casos de mobbing o simplemente
es que la gente se atreve más a denunciarlo?
Las actuales condiciones laborales en el ámbito del neoliberalismo
han producido una desnormativización de las relaciones entre empresa
y trabajador. Esto crea un campo de cultivo para que cualquiera
intente aniquilar a otros impunemente.
¿Considera que su historia tiene, lo que se llama, un final
feliz?
No, en el mobbing no hay victorias, sino diferentes grados de
derrota.
Atacaron cuando sabían que me encontraba más
débil.
Un hijo mío sigue en el psicólogo como
consecuencia de aquella época en la que yo me transformé en una
alimaña llena de sufrimiento.
Sin compañeros, sin entorno, sólo cada día,
ocho horas.
El final feliz, tal vez, llegará cuando deje de odiar. No creo que
eso ocurra.
Asesinaron algo en lo que yo creía, mis
convicciones sobre la ética del comportamiento; asesinaron a un
trabajador responsable y eficaz; asesinaron mi ilusión y mi carrera
profesional.
El juicio no supuso que las personas
acosadoras sufrieran castigo. Pagó la administración en imagen y en
dinero. Ellos siguen vivitos y coleando y, lo más impresionante,
convencidos de que no me hicieron nada y que yo fui el único
culpable de lo que me sucedió.
¿Cuál debería ser la política de las empresas respecto al
mobbing?
Al final les supone una importante pérdida económica.
Prevención, vigilancia de los
comportamientos incorrectos de sus integrantes e imponer mecanismos
de corrección. Casi nada!
noticia realizada por el
INTANGIBLE CAPITAL.ORG
periodista
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