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Gonzalez de Rivera, Jose Luis |
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272 páginas
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Editorial Espasa Calpe
Madrid 2002
Cansancio por las
mañanas, ideas autodestructivas, depresión, fatiga crónica,
irritabilidad, ataques de pánico, insomnio, apatía, desinterés por
la vida, son algunas de las consecuencias de sufrir alguna de las
formas de acoso de las que nos habla este libro: mobbing, acoso
psicológico, acoso sexual, acoso en la pareja, en la familia, en la
escuela. ¿Por qué se produce? ¿Quiénes son las víctimas idóneas?
¿Qué rasgos tienen los acosadores? ¿Cuáles son las consecuencias
extremas de una situación de acoso? ¿Qué instituciones o estructuras
sociales facilitan la existencia de acoso?.
Comentario del libro
realizado por el Profesor Carlos Bailús.
Revista de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de Barcelona.
En unos años en que los humanos mostramos, de día en día, unas
formas más crecientes y diversificadas de agresividad, como si la
densidad de ciertas zonas del planeta nos condicionara conductas
violentas al igual, o peor, que ocurre con los ratones enjaulados en
espacios reducidos, se puede prever ya de entrada interesante y
oportuno un título y un libro como el que comentamos, cuyo autor, a
mayor abundamiento, es el doctor J.L. González de Rivera, estudioso
de estas materias, como en previas publicaciones y participaciones
en congresos ha evidenciado.
Ahora bien; más allá de los buenos presagios a la obra que
comentarnos, cabe añadir los méritos intrínsecos de la misma, desde
la amplia y bien seleccionada temática que se inicia con una
Introducción en la que el autor desarrolla más bien conceptos
generales en tomo al estrés y a sus criterios diagnósticos, a los
capítulos en que afronta las diversas formas y niveles de acoso
desde aquellos que se producen en los ambientes laborales (Mobbing),
a los propios de los medios escolares y sociales (Bulling), a los
acosos sexuales, en la pareja, en el medio familiar, etc.
Asimismo, el autor, haciendo galas de una amplia formación humanista
y de un pensamiento amplio y abierto aprovecha tos capítulos idóneos
para ilustrarlos con situaciones y hechos ora artísticos, como fue
el caso de "las damas de Revena" de doble inmortalidad -en el texto
de Boceado por un lado, en las tablas de Botticelli por otro- ora
científico como su acertada referencia a "las extrañas pacientes del
doctor Clérambault".
El libro, cabe subrayarlo, que por lo hasta aqui apuntado podría
quedarse con el calificativo -no necesariamente menor- de obra de
divulgación, no se sitúa por sus contenidos en tal línea. Lejos de
ello la sobrepasa al entrar de lleno, más allá de lo meramente
descriptivo o anecdótico, en los aspectos clínicos en el análisis
psicopatológico de los diversos acosos, así como en sus
correspondientes formas o posibilidades de prevención y en los
principios generales de su tratamiento.
Con ello J.L. González de Rivera nos ofrece un texto que interesará,
sin duda, a un amplio espectro de lectores transmitiendo, junto a
conocimientos generales, una apreciable información técnica y
especializada, todo lo cual -dadas las habilidades literarias del
autor- se expone con elegancia y soltura sin olvidar ciertos trazos
de humor y de ironía.
Anotaremos, para terminar, un último acierto que está en cerrar la
obra con tres apéndices a cual más útil y actual: el primero (de
Carmen Sánchez Carazo) "La ética de las relaciones laborales"; el
segundo (de Ma José Blanco y Barea y Carmen Sánchez Carazo) acerca
de "La dignidad en el trabajo; cómo defender este derecho" y un
tercero en el que se recogen las principales proposiciones legales
en torno al acoso moral laboral.
A continuación se
trascribe el comentario del libro que aparece en la web
mobbing.nu.
"Este
libro trata sobre violencia. No sobre la evidente y sangrienta de
los telediarios, sino sobre otra que también destruye, sin que nadie
se de cuenta, gota a gota, como una sofisticada tortura china.
El acoso es una enfermedad cultural insidiosa, que se cobra más
víctimas cada año de lo que podemos imaginar, y que resulta una
causa importante de sufrimiento humano, de pérdidas económicas y de
malestar social.
Es sorprendente su auge actual en todo el mundo civilizado,
precisamente ahora que la Democracia ha traído nuevas condiciones de
progreso y de libertad.
Pero quizá
esté ahí la causa.
No es que las nuevas condiciones, políticas y económicas, sean
malas, todo lo contrario. Sin ellas, no existiría el acoso como lo
entendemos hoy en día, sino la esclavitud, la eliminación pura y
simple del adversario, el dominio total y descarado del fuerte sobre
el débil.
El acoso se ha hecho necesario porque, en la mayor parte del mundo
civilizado, las antiguas fórmulas de dominio ya no sirven, y el
poder ha de ocultarse para seguir ejerciéndose.
La Revolución Francesa, la Carta Magna y la jura de Santa Gadea
fueron momentos estelares de la Humanidad, en los que el débil
demostró que, si se lo propone de verdad, puede mantener al fuerte a
raya.
Desde su punto de vista, tenia razón Luis XIV cuando se opuso a que
el pueblo aprendiera a leer: El pensamiento, una vez puesto en
marcha, es imposible de detener. Y los débiles siempre piensan, por
la cuenta que les trae. Ya no quedan poderes terrenales que sean
divinos, no al menos en nuestra parte del mundo; por no quedar, ni
siquiera quedan ya poderes absolutos.
Las constituciones, las leyes, la mentalidad y los usos, todo está
en contra del dominio arbitrario, del abuso de poder, de la
depredación del hombre por el hombre. Pero no podemos descansar.
Cuando más convencidos estemos de vivir en el imperio de la razón,
más duramente descubriremos que hemos estado soñando.
Y nuestro sueño puede fácilmente convertirse en pesadilla. Cuando la
razón duerme, aparecen los monstruos.
La Democracia no es votar al más guapo, sino pensar,
responsabilizarse, arriesgarse, y, sobre todo, estar atento.
La libertad y la justicia no son derechos pasivos, a esperar o
exigir blandamente, como si fuéramos bebés que lloran por su
biberón. Son obligaciones por las que hay que luchar, con valor, con
esfuerzo y con conciencia, día a día y en unión.
Dice Rodriguez-Pulido que la enfermedad es privilegio del individuo,
y que no existen sociedades sanas ni enfermas, sino sociedades
justas o injustas.
Puede ser, pero no es menos cierto que tampoco existen las
enfermedades individuales. El ambiente que nos rodea nos nutre, o
nos envenena.
Dependemos del aire, del agua y, sobre todo, del afecto. Los
sentimientos atravesados producen una polución psíquica que es el
peor de los males, porque no se acaba con la muerte de quien la
sufre.
Continúa de generación en generación, convierte a seres inocentes en
monstruos prepotentes que transmiten el daño que han vivido, en
acosadores amargados que destruyen en los demás la fuerza sagrada de
la ilusión.
El conocimiento es el primer paso hacia el cambio. Espero que la
lectura de este libro aliente el ansia de justicia, de libertad y de
desarrollo personal que hay en ti.
Si estás o has estado acosado, aplícate la bienaventuranza de un
Acosado Famoso: “Bienaventurados los que sufren persecución por ser
justos” y asegúrate de que te mereces haber sido perseguido por tu
justicia, por tu valía, por tus méritos.
Si lo haces, la dolorosa experiencia no sólo no te destruirá, sino
que te hará más fuerte y más consciente de lo que de verdad importa.
Recuerda: Nunca te alíes con el enemigo. Si te han hecho sufrir, no
les sigas la corriente, no cedas a la tentación de la
autodestrucción.
Y si sientes rencor, recuerda también que la mejor venganza es el
éxito, y que triunfar es difícil cuando uno está cegado por el odio.
Si no tienes experiencia personal sobre lo que aquí se trata, estáte
atento, porque pronto conocerás algún caso. Espero que no le pase a
ti, ni a ninguno de los tuyos. Pero, le ocurra a quien le ocurra,
recuerda: Si sigues leyendo, ya no podrás decir que no sabias, que
no te diste cuenta. Cuando llegue el momento, tendrás que optar.
Para evitar el mal no basta con no cometerlo, es además necesario no
permitirlo. El Gran Acosado también tiene una frase para ti: “De
nada sirve a un hombre ganar el mundo si pierde su alma”.
Todas las noches de tu vida dormirás con tu alma, y te deseo que,
sea cual sea tu situación material, tu alma te deje dormir.
Finalmente, si eres un acosador, si nadie puede ser mejor que tu, si
estás convencido de que la fuerza es la única razón y de que tu
dominio ha de mantenerse a toda costa, permite que te diga, con todo
mi cariño, que eres un hijo de puta.
Si sigues leyendo después de esto, perdona lo que te he dicho. Es
posible que tu caso tenga solución. Pero la envidia tiene un
problema: viene del latín In-Videre, no ver. Y si no ves, no tienes
solución.
La mentira es la entrada del mal en el mundo, y creerte justificado
es mentir. Por eso, si haces el mal y sufres por ello, estás en el
camino de la verdad. Quizá aprendiste a acosar en tu propia carne, y
es lo único que sabes hacer.
Anna Freud llamó a este mecanismo “identificación con el agresor”, y
es una patología que tiene cura.
En todo caso, tu sufrimiento personal debe de ser inmenso, para que
necesites trasmitírselo a otros con tanto ardor.
Busca ayuda.
NOTA
de
acosolaboral.net : Agradecemos a los creadores del Sitio
web
mobbing.nu la información aportada.
Su tratamiento de la información es absolutamente encomiable.
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