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Gonzalez de Rivera, Jose Luis |
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Estigmatización (del latín stigma, «marcar
con hierro candente en señal de infamia»):
Una vez elegida la víctima, comienza el acoso propiamente dicho.
Las técnicas básicas de acoso para la
progresiva destrucción psicológica de una persona incluyen las
siguientes:
a) Someterle a acusaciones o
insinuaciones malévolas, sin permitirle defenderse o expresarse,
recurriendo incluso a la burla o ridiculización personal.
b) Aislarle de sus compañeros,
privarle de información, interrumpir o bloquear sus líneas de
comunicación, cortarle el teléfono y bloquear su ordenador.
c) Desconsiderar e invalidar
su trabajo, distorsionar o tergiversar sus actividades y
comentarios, atribuirle motivaciones espurias o vergonzantes.
d) Desacreditar su rendimiento,
ocultar sus logros y éxitos, exagerar y difundir, fuera de contexto,
todos sus fallos, tanto reales como aparentes.
e) Comprometer su salud física y
mental, mantenerle bajo constante presión, crearle tensiones y
frustraciones,
obligarle a trabajar en lugares incómodos o insalubres, mal
iluminados y ventilados.
f) Establecer agravios
comparativos, mediante diferencias de trato, distribución
injusta o desigual de tareas o actividades, de permisos, premios o
remuneraciones, etc.
g) Dificultar el ejercicio de
sus funciones, someterle a cronofagia y a distracciones físicas
(ruido, música, charloteo, reparaciones ... ), saltarle en la línea
jerárquica (bypass o bypasear, en argot médico), recabar información
y dar instrucciones directamente a un subordinado suyo.
h) Proporcionarle información
confusa o contradictoria, darle instrucciones erróneas y
cambiantes, asignarle mucho trabajo o muy poco, exigirle
rendimientos altos en una tarea para la que no está cualificado o,
al contrario, ordenarle otras muy por debajo de su formación y
capacidades (abuso intelectual).
Una vez iniciadas las conductas de acoso, cada vez más miembros de
la organización van aplicándolas contra el acosado, como si se
extendieran por un mecanismo de contagio que recuerda el que Lorenz
describe en las ratas.
Cuanto más se parece una institución a una camada de ratas, más
probable es en ella el acoso moral.
El acosador principal, generalmente un superior mediocre y
narcisista, combina su actividad persecutoria con una rara habilidad
carismática para atraer a otros a su juego.
Por eso ha sido descrito tantas veces como
un «psicópata de doble cara»: puede ser encantador cuando le
conviene y terriblemente cruel e injusto cuando se trata de destruir
a sus víctimas.
En particular, es un artista en el manejo del rumor, que
airea a veces como si intentara defender al acosado.
Un MIA que conozco empieza siempre a propagar sus rumores de la
siguiente manera:
..." Estoy muy preocupado porque me han dicho que X tiene terribles
problemas legales, ha cometido un error gravísimo, está arruinado,
no le quieren ni ver, la mujer le va a dejar.....(cualquier cosa
negativa), y es una pena, tan buen hombre como es, ¿tú has oído
algo?
Naturalmente, su interlocutor no había oído nada, ya que el
MIA acaba de inventar el chisme sobre la marcha; pero, a partir
de ahí, empezará a repetirlo hasta que «todo el mundo sepa lo malo
que es o lo mal que le va a X.
Desde ese momento, el rumor ya se propaga
con aclaraciones de que «es público y notorio», «todo el mundo
sabe», «lo que todos dicen», etc.; argucias circulares que pretenden
presentar como prueba la opinión pública al mismo tiempo que la
están creando.
Otra técnica que he visto emplear al mismo
MIA consiste en defender a alguien de tal manera que al final
acabas con una pobre impresión de esa persona:
Es un chico muy inteligente, no necesita verdaderamente esforzarse
mucho porque resuelve sus temas casi sin querer. Nunca prepara una
clase, como habla muy bien fascina a los alumnos, y le he visto
enviar a publicar trabajos que ha hecho en una tarde...
¿Contratarías a alguien así de «listo» como ayudante en un proyecto
de investigación? Yo no lo hice basándome en esa información, que
luego resultó ser falsa. Y, sin embargo, parecía que el
MIA me había hablado bien del joven ... pero no me dijo que era
un hombre concienzudo y meticuloso, que comprobaba cada dato y que
era experto en estadística porque sabía que eso era lo que yo estaba
buscando.
Parar un rumor es relativamente fácil porque se evapora en
cuanto se intenta comprobar su sustancia con preguntas como:
1) Quién te lo ha dicho, cómo lo sabes. De dónde lo has
sacado, qué pruebas tienes.
2) Cómo concuerda lo que dices con la buena información que
tengo sobre esa persona, o comentemos alguna buena información que
tengas sobre esa persona.
3) Por qué me dices esto a mí ahora.
4) A quién beneficia que yo piense mal de esa persona.
Si las respuestas no son concretas, precisas y razonables, el
informante es malintencionado y probablemente mentiroso.
Precisamente por eso, siempre es peligroso confrontar un rumor ya
que a todos los malvados les disgusta ser descubiertos.
Ejemplo.
María V., que no veía a su padre desde la infancia, empezó a intuir
que la madre era culpable de la alienación parental porque «dice
tantas cosas malas de él que no es posible que todas sean ciertas»
(la madre cometió un fallo simple a la pregunta 2: «Comentemos
alguna buena información sobre él», y desde entonces está enfadada
con su hija).
Ejemplo.
En una comida, el director médico de un
hospital empieza a criticar de manera dura pero imprecisa a un
colega conocido de todos los presentes. Otro médico, que lleva poco
tiempo en plantilla, interviene para expresar su críticas, que no
coinciden con su buena opinión sobre el criticado.
En ese momento, se hace un silencio tenso en
la mesa que se interrumpe cuando uno de los médicos más antiguos
empieza a comentar animadamente un partido de fútbol relajando
inmediatamente la situación. A los pocos días, el médico nuevo
empieza a sufrir un creciente cerco de acoso, que termina con su
renuncia en menos de un año.
Otra razón por la que confrontar rumores no es fácil ni frecuente es
la relación emocional previa que el acosador se cuida de establecer
con sus oyentes. Bajo la influencia de su carisma afectivo, éstos ni
siquiera se molestan en cuestionarlo porque, como dice mi hijo
Javier, Si alguien pone mucho interés en hablarte: es más cómodo
decir que sí y hacer que te lo crees.
En ocasiones, los murmuradores de buena fe quedan sorprendidos al
descubrir que no saben qué es lo que tienen contra la persona a la
que critican, aunque sí saben que «es público y notorio>... que hay
que tener algo en contra de él.
Simplemente, han captado las emanaciones
malignas de un acosador principal, al que hacen el juego sin ser
conscientes de ello, como ratas que atacan excitadas por las
vibraciones emocionales de su clan.
NOTA
de
acosolaboral.net :
Fuentes del Artículo:
Estigmatización.
El Maltrato Psicológico. Cómo defenderse del mobbing y otras formas
de acoso. Espasa-2002 - 15.11.2002 - página 174
mobbing opinión.
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